ser es más que estar

15 ago. 2011

...será tuyo, hijo

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Sí, todo lo humano es personal. Pero el hombre puede deshumanizarse, la persona auténtica enredarse en dinámicas destructivas.

El hombre no es sólo un instrumento de la tradición: además de una condición para la misma, es un ser destinado a realizarse. Y su realización depende tanto del grado de información que reciba y sepa transmitir a sus próximos como del nivel de vida y experiencia que logre alcanzar. La vida no está concebida sólo y únicamente para ser transmitida, sino también -y esencialmente- para ser vivida.

En puridad, sólo puedo transmitir lo que he vivido. Lo que en mi vida he encontrado de valioso. El hombre es una pieza del engranaje, pero una pieza libre, con capacidad para desligarse del mecanismo que humaniza (y de esta forma, aunque no lo perciba así, despersonalizarse; es decir, renunciar poco a poco -"el hombre muere despacio"- a aquello que le diferencia del resto de criaturas y le convierte precisamente en persona). Y cuando conoce y asume su puesto en el proceso, es capaz de todo lo bueno y mejor. Es pieza, elemento de transmisión, pero a modo de componente libre, que encuentra en la experiencia de vida y en la verdad de su interior los motivos por los que debe incorporarse a la tradición. Formar parte de algo más grande que él, que le alimenta y bebe de él a un tiempo.

La tradición de todo lo bueno que hay en él sólo se produce cuando lo descubre, vive y asume como tal. Cuando se desarrolla y eleva hasta la condición de persona, que es libre y amable por entera, y está en condiciones de decir a sus hijos: "Yo he vivido y es verdad. Toma y sigue."



Y por descender a lo concreto, si tuviera que dejar una lista de cosas cotidianas por las que merece la pena vivir, si tuviera que despedirme y dejar algo a mis amigos, les diría varias cosas que no referiré aquí, y otras tantas que empiezan con que es bueno levantarse dando gracias, pasear por las calles mientras se activa la masa urbana, desayunar fuerte, si es posible dos veces, ser fiel al sitio donde se compra el pan, se lee la prensa y se bebe café (o batido de chocolate), leer el Evangelio y disfrutar con lo que pasa –y mira que pasa–, hablar con tus padres y hermanos, los de sangre y los de espíritu, estar centrado en cada cosa que se hace (cuando se trabaja, se trabaja; cuando se brinda, se brinda; cuando se besa, se besa), hablar de pie y comer sentado, llevar un diario de motivos por los que dar gracias, atreverse con lo que da miedo pero gusta en el fondo, leer los clásicos, ver los clásicos, escuchar los clásicos, y al final del día, cuando parece que todo queda por hacer, considerar lo que sobra, lo necesario, lo que puedo regalar. Lavar la ropa, regar las plantas y dejar los zapatos limpios para mañana.


Cosas sencillas que hacen la vida vivida. Cosas que dejar en una lista si sales pronto.

Para volver a casa.


n a c o

cafécortado












fotos: Pedro Sagasta, pintor aragonés
S. Ignacio de Loyola, NYC 2011








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1 comentario:

Anónimo dijo...

Sencillamente sublime, ché....

De lo mejor que he leído en mucho tiempo, tanto en la Internet como fuera de ella.....

Saludos.

a r c h i v o

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(estamos) llamados a ser